COMO CADA MAÑANA

Como cada mañana, me desperté a las ocho. Como cada mañana, fui al baño. Sin embargo, algo me detuvo nada más entrar a esta habitación. Alguien me miraba al otro lado del espejo, y aunque debería saber de quién se trataba a la perfección, cada día le reconocía un poco menos.

Como un impulso, aparté la mirada de mi reflejo. No quería mirar. No quería pensar en ello. Estoy segura de que habría compartido mis preocupaciones de no ser porque no había nadie en la casa aparte de mí. Tampoco es como que necesitara una visita al día. Ni siquiera una semanal. Creo que se me haría extraño escuchar otros pasos sobre ese suelo que no fueran los míos.

Aunque a veces, cuando me permitía a mí misma mirar por la ventana y observar la vida de las personas que pasaban, me preguntaba cómo se sentiría ser una de ellos.

Conversaciones en euskera y castellano se entremezclaban bajo mi balcón, revelando infinitas vidas ajetreadas completamente diferentes entre sí. Completamente diferentes a la mía.

Salí a hacer la compra; lista en mano para no olvidarme de nada. Escogí con cuidado cada uno de los alimentos, quizá llenando el carro un poco más de lo que debería. Y, cuando la mujer que atendía en caja como cada mañana me preguntó qué tal me había ido la semana, no pude evitar que en mis labios se formara una sonrisa.

 

#historiasvascas
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JAULA DE PINTURA

Los pinceles tiemblan
balanceándose entre mis dedos
rogándome una vez más
que le haga frente a mis miedos.

 

Veo pájaros en el exterior
jugando entre gotas de lluvia
que no muestran ningún temor
a que venga un cazador.

 

Tengo que hacer el esfuerzo
para no pensar
en el azul que tanto deseo.

 

Y es entonces cuando recuerdo
que esta jaula
la he construido yo.

 

Que estos barrotes de hierro
entre los que aún me pierdo
no son más que el recuerdo
de cuando he dicho “no puedo”.

 

Y he llegado a creerlo
hasta tal punto
de encerrarme por miedo.

 

Una pincelada
por las cosas que casi olvido.
Otra pincelada
por cada sueño no cumplido.

 

Pensamiento al que me aferro
como las hojas de otoño, que
aunque les diga lo contrario el mundo entero
resisten a caer al suelo.

 

El lienzo me reta
a extender las alas
a quitarme las balas
y volar por mi cuenta.